Mastitis: revisión rápida de la evidencia
di Dr.ssa Erin F. Morcomb, Dr.ssa Carmen M. Dargel, Dr.ssa Sydney A. Anderson • febrero 2026
La mastitis representa un espectro de afecciones inflamatorias. La mastitis lactacional es la más común, con una incidencia aproximada del 10 % en los Estados Unidos, y suele surgir en los primeros tres meses después del parto. El diagnóstico se realiza clínicamente basándose en la presencia de síntomas como fiebre, malestar general, sensibilidad focal en las mamas y eritema o hiperpigmentación de la piel suprayacente, sin necesidad de pruebas de laboratorio ni pruebas de imagen. Sin embargo, se debe considerar la obtención de cultivos de leche para orientar el tratamiento antibiótico, y se debe realizar una ecografía para identificar abscesos en pacientes inmunodeprimidos o con síntomas que empeoran o son recurrentes. Dado que la mayoría de los casos de mastitis están causados por inflamación y no por una infección verdadera, a menudo basta con un tratamiento conservador de 1 a 2 días (es decir, antiinflamatorios no esteroideos, aplicación de hielo, lactancia materna directa y minimización del uso del sacaleches). Si no hay mejoría en los síntomas, se pueden recetar antibióticos de espectro estrecho para cubrir la flora cutánea común (por ejemplo, Staphylococcus, Streptococcus). La mayoría de las pacientes pueden ser tratadas de forma ambulatoria con antibióticos orales; sin embargo, si la afección empeora o existe preocupación por una sepsis, puede ser necesario administrar antibióticos por vía intravenosa e ingresar a la paciente en el hospital. El uso de probióticos para el tratamiento o la prevención no está respaldado por evidencia sólida. Entre los factores que aumentan el riesgo de mastitis se encuentran la sobreestimulación de la producción de leche y el traumatismo tisular causado por un masaje agresivo de las mamas; por lo tanto, ya no se recomienda la sobrealimentación frecuente, el bombeo excesivo para vaciar las mamas, la aplicación de calor y el masaje de las mamas, ya que pueden empeorar la afección. La mejor prevención es una técnica de lactancia adecuada, que incluya un buen agarre del bebé, y fomentar la lactancia materna fisiológica en lugar del bombeo, si posible.
(Am Fam Physician. 2024:110(2):174-182. Copyright © 2024 American Academy of Family Physicians).
(Am Fam Physician. 2024:110(2):174-182. Copyright © 2024 American Academy of Family Physicians).
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